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martes, 8 de julio de 2014

Delegación peruana se retiró de los Juegos Olímpicos de 1936

Perú había derrotado 4-2 a Austria en cuartos de final de los Juegos de Berlín 36'. Sin embargo, la selección peruana no continuó su camino hacia semifinales. Incluso toda la delegación se retiró del torneo. ¿El motivo? En un principio se dijo que era porque el Comité Olímpico había ordenado repetir ese partido ya que la cancha no tenía las dimensiones reglamentarias, según un reclamo supuestamente presentado por la delegación austriaca. También se decía que había sido una orden de Adolf Hitler, quien se había negado a aceptar que un equipo de raza aria como el austriaco haya sido superado por una selección integrada en su mayoría por jugadores de raza negra.
 
Seleccionado peruano en Berlín 1936.
Con el tiempo, esa versión fue desbaratada. Según diversas investigaciones, entre ellas la de la revista "Don Balón" en el 2000, el pedido de repetición del partido fue producto de un reclamo de la selección europea que no guardaba relación con las dimensiones del campo de juego. La razón, como consta en el acta oficial del Jurado de Apelación, fue la invasión al campo de juego de aficionados peruanos que ingresaron en pleno partido y agredieron físicamente a algunos jugadores austriacos. Eso generó que Austria, en una época en la que el reglamento no permitía la ejecución de cambios, jugara el tiempo suplementario (en el cual Perú anotó los dos últimos goles) en inferioridad numérica.
 
El escritor uruguayo Eduardo Galeano califica este acontecimiento como la ocasión cuando "Perú humilló a Hitler".
 

domingo, 6 de julio de 2014

Jesse Owens, el primer super atleta de unos Juegos

Jesse Owens era un joven y desconocido atleta negro que trabajaba en una gasolinera. Cursaba el segundo año en el instituto y soñaba con convertirse en una figura mundial del atletismo.

Jesse Owens logró cuatro medallas de oro
El 25 de mayo de 1935 batió cuatro récords mundiales durante la Big Ten Conference en Ann Arbor, Michigan. Lo hizo en las pruebas de 100 metros lisos (9,4 segundos), salto de longitud (8,13 metros), 220 yardas (20,3 segundos) y 220 yardas vallas (22,6 segundos). Esta proeza la realizó en un lapso de 45 minutos y, a partir de ese día, se le empezó a conocer como "el antílope de ébano".

Esta gesta increíble fue el paso previo para lanzarse a la conquista de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Estos Juegos, condicionados por el pensamiento de Hitler de la superioridad de la raza aria, fueron el escenario donde Owens desacreditó esa creencia nazi.
 
El atleta estadounidense consiguió ganar cuatro medallas de oro en dichos Juegos Olímpicos: 100 m, 200m, 4x100m y salto de longitud. Según las historias, Hitler abandonó el estadio antes de entregarle la cuarta medalla a Owens ya que no quería estrechar la mano del atleta.



En su autobiografía, Owens cuenta que recibió una felicitación oficial por escrito del gobierno alemán, así como también un saludo de parte del Führer: "Cuando pasé, el Canciller se levantó, me saludó con la mano y yo le devolví la señal. Pienso que los reporteros tuvieron mal gusto al criticar al hombre del momento en Alemania". Más bien, criticó que el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt no lo invitó a la Casa Blanca: "Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente".

sábado, 5 de julio de 2014

Gretel Bergmann, la atleta excluida de los Juegos por ser judía

Gretel Bergmann nació en Laupheim, en el sur de Alemania, en 1914 en el seno de una familia judía. Empezó a practicar deporte con 15 años. Se inclinó por el salto de altura y en 1931 saltó 1.51 m. en los campeonatos del sur de Alemania.
 
Pudo haber conseguido medalla de plata
Bergmann deseaba participar en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, aunque no motivada por el éxito deportivo, sino por el deseo de romper el estereotipo de los judíos que potenciaban los nazis: "gordos, con las piernas torcidas y miserables".

La familia Bergmann, expulsada de Alemania por su condición de judía, se había instalado en el Reino Unido. Allí le llegó una carta a la atleta que le anunciaba su posibilidad de inscribirse en la competencia.

Gretel fue obligada a disputar una ronda de clasificación un mes antes del inicio de los Juegos Olímpicos. Con su salto alcanzó el 1.60 m. (su mejor marca personal) y logró ser una de las tres clasificadas de Alemania para el evento. Poco después, Estados Unidos aceptó los gestos de Hitler para con los judíos y anunció que declinaba su boicot en los Juegos. Inmediatamente, 20 de los 21 judíos preclasificados fueron "no elegidos".

Destacó en la prueba de salto alto
Tras la negación del permiso para participar en los Juegos Olímpicos de su país natal, Gretel abandonó el país y partió rumbo a Estados Unidos, junto al que posteriormente sería su marido, el corredor judío Bruno Lambert. Gretel Bergmann, que pasó a llamarse Margaret Lambert, de haber repetido su salto de clasificación, hubiese conseguido la medalla de oro o de plata (Ibolya Csák ganó el oro con 1,60m, la mejor marca personal de Bergmann). Sin embargo, el III Reich tuvo que conformarse con el bronce.

Boicot español a los Juegos Olímpicos de 1936

En 1931, la elección de Berlín como sede de los Juegos no estuvo exenta de controversia pues precisamente la capital alemana se impuso a la candidatura de Barcelona. En un principio, no hubo nada que objetar a la candidatura alemana en un momento en el que, tras la Primera Guerra Mundial, el estado centroeuropeo recuperaba su protagonismo político internacional. Todo cambió en 1933 con la ascensión de Hitler al poder. La amenaza de que los Juegos fuesen utilizados internacionalmente por la propaganda nazi fue denunciado por varios dirigentes políticos y deportivos. Incluso se pensó seriamente en promover un cambio de sede. Nada de esto sucedió.
 
Afiche de la Olimpiada Popular Barcelona '36
 
Únicamente la España republicana boicoteó la celebración de estos Juegos, y en su sustitución, organizó las denominadas Olimpiadas Populares, en Barcelona, fuertemente politizados, en este caso por el respaldo que a su celebración le dieron organizaciones internacionales de izquierda.